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Bosques

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Módulo 3 Cuidar la Tierra

 

Bosques

ver también BosquesComestibles

 


 

Los Bosques 

de el Panfleto I de la Serie del Curso de Certificado de Diseño en Permacultura

PUBLICADO POR  YANKEE PERMACULTURE

 

Se ha descubierto que los bosques son mucho más importantes de lo que esperábamos para el ciclo del oxígeno.  Pensábamos que los océanos eran los elementos más importantes. No lo son. No solo no lo son, contribuyendo  probablemente en menos del 8% de oxígeno al reciclaje atmosférico, sino que muchos están comenzando a ser  consumidores de oxígeno. Si vertimos mucho más mercurio en los mares, el océano será un consumidor de oxígeno.  El balance está cambiando. Por consiguiente, serán los bosques de los cuales dependemos a preservarnos de una  situación anárquica.

 

De todos los bosques, algunos son sumamente importantes, como los bosques perennes, de los cuales hay 2 sistemas  extensivos. Uno es ecuatorial, de especies múltiples; y el otro es el tipo de los bosques fríos perennes de la tundra rusa y  los bosques perennes meridionales. Los bosques lluviosos son fundamentales para el ciclo del oxígeno y la estabilidad  atmosférica.

 

Los bosques también propician gran parte las precipitaciones. Cuando se talan los bosques de las crestas, se  puede observar que la lluvia decae entre un 10 y un 30%, lo cual quizás se pueda tolerar. Lo que no se ve que sucede, es  que la precipitación puede disminuir  alrededor del 80% siendo la lluvia sólo una pequeña fracción de la precipitación total.  Es muy posible que en las tranquilas noches claras sin nubes, haya una precipitación importante sin que ninguna lluvia  sea registrada por los instrumentos en los sistemas forestales. Es particularmente cierto en los climas marítimos, pero es  factible también en todos los climas. Por lo tanto es posible producir muy rápidamente condiciones semi-desérticas  simplemente eliminando los árboles de los altos de las colinas. Esto se está haciendo a gran escala.

 

Moderarlo todo es la característica de los bosques. Moderan el frío y el calor excesivos, las escorrentías  excesivas, la contaminación excesiva. Cuando los bosques se desforestan, se provocan extremos inmoderados. Y desde  luego, son los bosques quienes crean los suelos. Son uno de los muy pocos sistemas existentes para la creación de  suelos.

 

¿Qué les está sucediendo a los bosques? Usamos grandes cantidades de productos del bosque de manera muy  temporal - como el papel y particularmente los periódicos.   La demanda se ha vuelto excesiva. Actualmente nos estamos excediendo en la tala por un billón de hectáreas con  respeto a las plantaciones. Pero en cualquier mes esto puede cambiar rápidamente. El último mes, por ejemplo, se  duplicó  la deforestación  de los bosques de las tierras bajas del Mississippi para la siembra de frijoles de soja.

 

De todos los bosques que alguna vez hemos tenido, en Europa tan solo queda el 2%. No creo que haya ni un  árbol en Europa que exista gracias a la tolerancia del hombre o que no haya sido plantado por el mismo. No hay algo  comparable a un bosque virgen europeo. En Sudamérica queda tan solo un 8%. Y me parece que el cálculo para otras  zonas sea de un 15%. Así que hemos destruido la mayoría de los bosques y seguimos talando en un reducto bastante  pequeño.  Los ritmos de la tala varían, dependiendo de las prácticas de gestión. Pero, por lo general, hasta en los  bosques mejor gestionados, hay una pérdida constante del 4%, dando eso un margen más de unos 25 años todavía  antes que se acaben.  Y de hecho, lo que observamos por todo el Suroeste Asiático y Sudamérica, por todo el Tercer  Mundo y en dondequiera que las multinacionales puedan obtener la propiedad de los bosques en el mundo occidental, es  una perdida de casi el 100%. Es un sistema de "cortar y huir".

 

Se nos ha instilado desde hace tiempo un falso sentido de seguridad, asegurándonos que las compañías de  explotación forestal están plantando 8 árboles por cada uno cortado. Lo que nos importa realmente es la biomasa.   Cuando se saca del bosque una cantidad superior a 150 toneladas, y repones algo cuyo peso no llega a los 300 gr., no se  está preservando la biomasa de ninguna manera ¿Qué usos les damos a los bosques?  La mayoría son el papel para  periódico y embalajes.  Incluso los pocos bosques que permanecen vírgenes están siendo talados para esto.  Bosques  que nunca han visto el paso del hombre, que nunca han experimentado ninguna interferencia humana, están siendo talados para el papel de periódico. Esos son los bosques en los cuales los árboles deben tener 60 m hasta la primera  rama, son como gigantescas catedrales.  Los están convirtiéndolos en astillas.  Hay árboles en Tasmania que son mucho  más altos que vuestras Secuoyas, que han sido talados y embarcados en forma de viruta.  Así que, en gran parte,  estamos degradando los bosques vírgenes al uso más bajo posible.

 

Eso tiene efectos en el otro extremo del sistema.  Los residuos forestales están matando grandes áreas del mar.  La razón principal por la cual el mar Báltico, el Mediterráneo y la costa de Nueva York se han vuelto consumidores de  oxígeno es que nosotros estamos tapizando el fondo del mar con productos forestales. Aproximadamente, hay cerca de  12 billones de toneladas de dióxido de carbono que están siendo liberadas anualmente gracias a la muerte de los  bosques.  Dependemos de los bosques para capturar el dióxido de carbono.  Destruyendo los bosques, estamos  destruyendo el sistema que debería ayudarnos.  Estamos trabajando con los vestigios de lo que era del sistema.   Representa el último vestigio que hoy en día estamos desgastando.

 


 

Los bosques vírgenes

absorben un 60% más de CO2 que los repoblados

artículo en FECYT

 

Los bosques naturales son más resistentes al cambio climático y pueden almacenar más carbono y durante más tiempo que las plantaciones, según un estudio.

 

Los bosques vírgenes no sólo nos regalan bonitas fotografías, sino que además se encargan de "reciclar" mejor el CO2 emitido a la atmósfera. Un estudio de la Universidad Nacional de Australia muestra que los bosques naturales almacenan tres veces más dióxido de carbono de lo estimado y captan un 60% más que los bosques repoblados.

 

Este equipo de científicos afirma que la capacidad de almacenamiento de carbono de los bosques vírgenes ha sido subestimada en la lucha contra el cambio climático. Añaden, además, que el Protocolo de Kioto y el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) no distinguen entre la capacidad de captación del carbono de los bosques repoblados y los vírgenes.

 

Los bosques naturales no sólo captan más CO2, sino que, además, lo almacenan durante más tiempo que las plantaciones que sufren una tala periódica, según el estudio.

 

El informe refleja también que "los bosques naturales son más resistentes al cambio climático y a las alteraciones que las plantaciones". Protegiendo los bosques naturales se cumplen dos propósitos: se mantiene almacenadoa una gran cantidad de carbono y se deja de liberar el producido por los bosques talados, según el coautor del estudio, Brendan Mackey.

 

Para Mackey, "mantener este 'carbono verde' en los bosques naturales es impedir una emisión adicional, que producimos con los combustibles fósiles".

 

La deforestación no ayuda

 

"Una cuarta parte del cambio climático es culpa de lo que estamos haciendo con nuestros bosques", según Brendan Mackey. Con cifras, esto se desgrana en que el CO2 producto de la deforestación es el 17,5% del total de gases de efecto invernadero emitidos actualmente. Además, a estas emisiones hay que sumarle otro 5%-10%, provocado por la degradación de los bosques.

 

Mackey declara también que la protección de los bosques naturales es pobre en la mayoría de los países. En los mejores casos, los países protegen alrededor de un 10%, como parques nacionales u otras denominaciones. "Necesitamos resolver cómo almacenar el carbono en bosques naturales fuera de parques nacionales sobre tierras en propiedad (incluidas tierras de indígenas y suelo privado)".

 

Los científicos dicen que prevenir la deforestación de los bosques de eucalipto en el sureste de Australia es el equivalente de prevenir emisiones de 460 millones toneladas de CO2 al año durante los próximos 100 años.

 

Fecha de publicación:

06/08/2008

Autor:

Ramírez, Verónica

Fuente de la noticia:

EL MUNDO

 

 


 

 

 

Brasil busca frenar la extranjerización del Amazonas

 

Los pulmones del planeta no se negocian 06-08-2008

 

Por Taiana González

Los recursos naturales son la riqueza del mundo, y la puja por apoderarse de ellos no cesa. De un lado aparecen los gobiernos que buscan “protegerlos” y por otro la maquina demoledora que intenta explotarlos y hacerlos sumamente productivos sin importar la pérdida de biodiversidad. Para intentar frenar este avance, el presidente de Brasil, lanzó un programa para impulsar el desarrollo sostenible de la región amazónica.

http://www.ecoportal.net/content/view/full/80493

 

 

(nota por Stella):

Hay importantes conexiones estratégicas entre los patrones de razismo, los patrones de colonialismo y las políticas forestales de las últimas forestas vírgenes del planeta: por eso la permacultura tiene que enfatizar el aspecto sistémico del todo, y este asunto tiene a que ver con los modelos de la Destructo-cultura que enseñamos en el Módulo 1.

 

Del razismo profundo / arrogancia primermundista que colora toda la cuestión habla muy habilmente la famosa respuesta de Sr. Cristóvão Buarque:

http://www.ecourban.org/blog/2007/07/13/declaraciones-de-chico-buarque-ministro-de-educacion-de-brasil/

 

 

Bibliografía

 

Guía para el Establecimiento de Sistemas Agroforestales  - Milz, Joachim: Guía para el Establecimiento de Sistemas Agroforestals. DED-COSUDE, La Paz-Bolivia 1998

 

 


 

 

 

Declaraciones de Chico Buarque: Ministro de Educación de Brasil

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
No todos los días un brasileño les da una buena y educadísima bofetada a los estadounidenses.
Durante un debate en una universidad de Estados Unidos, le preguntaron al ex gobernador del Distrito Federal y actual Ministro de Educación de Brasil, CRISTOVÃO “CHICO” BUARQUE, qué pensaba sobre la internacionalización de la Amazonia?
 
Un estadounidense en las Naciones Unidas introdujo su pregunta, diciendo que esperaba la respuesta de un humanista y no de un brasileño.

Ésta fue la respuesta del Sr. Cristóvão Buarque:

 

 

“Realmente, como brasileño, sólo hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonia.

Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él es nuestro.

Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonia, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás, que es de suma importancia para la humanidad.

 

Si la Amazonia, desde una ética humanista, debe ser internacionalizada, internacionalicemos también las reservas de petróleo del mundo entero.

El petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonia para nuestro futuro.

A pesar de eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.De la misma forma, el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado.

 

Si la Amazonia es una reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar solamente por la voluntad de un dueño o de un país.

Quemar la Amazonia es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales.

No podemos permitir que las reservas financieras sirvan para quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación.

 

También, antes que la Amazonia, me gustaría ver la internacionalización de los grandes museos del mundo.

El Louvre no debe pertenecer solo a Francia.

Cada museo del mundo es el guardián de las piezas más bellas producidas por el genio humano.

No se puede dejar que ese patrimonio cultural, como es el patrimonio natural amazónico, sea manipulado y destruido por el sólo placer de un propietario o de un país.

 

No hace mucho tiempo, un millonario japonés decidió enterrar, junto con él, un cuadro de un gran maestro.

Por el contrario, ese cuadro tendría que haber sido internacionalizado.

Durante este encuentro, las Naciones Unidas están realizando el Foro Del Milenio, pero algunos presidentes de países tuvieron dificultades para participar, debido a situaciones desagradables surgidas en la frontera de los EEUU. Por eso, creo que Nueva York, como sede de las Naciones Unidas, debe ser internacionalizada.

Por lo menos Manhatan debería pertenecer a toda la humanidad.

De la misma forma que París, Venecia, Roma, Londres, Río de Janeiro, Brasilia… cada ciudad, con su belleza específica, su historia del mundo, debería pertenecer al mundo entero.

 

Si EEUU quiere internacionalizar la Amazonia, para no correr el riesgo de dejarla en manos de los brasileños, internacionalicemos todos los arsenales nucleares.

Basta pensar que ellos ya demostraron que son capaces de usar esas armas, provocando una destrucción miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas en los bosques de Brasil.

 

En sus discursos, los actuales candidatos a la presidencia de los Estados Unidos han defendido la idea de internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda.

Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la escuela.

Internacionalicemos a los niños, tratándolos a todos ellos sin importar el país donde nacieron, como patrimonio que merecen los cuidados del mundo entero.

Mucho más de lo que se merece la Amazonia.

Cuando los dirigentes traten a los niños pobres del mundo como Patrimonio de la Humanidad, no permitirán que trabajen cuando deberían estudiar; que mueran cuando deberían vivir.

Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo; pero, mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonia, sea nuestra. ¡Solamente nuestra!”.

 

ESTE DISCURSO FUE PUBLICADO EN EL NEW YORK TIMES, WASHINGTON POST, USA TODAY Y EN LOS MAYORES DIARIOS DE EUROPA Y JAPÓN.

EN BRASIL Y EL RESTO DE LATINOAMÉRICA, ESTE ARTÍCULO NO FUE PUBLICADO. AYÚDENOS A DIVULGARLO.

 

Aclaración:

El  emisor real es Cristovam Ricardo Cavalcanti Buarque, profesor universitario

El contexto de esta declaración la pueden encontrar en:

http://www.centreofcultures.org.uk/Alien/Issue%201/Page%203%20-%20article%201%20-%20A%20world%20for%20All%20-%20O%20mundo%20para%20todos.htm

http://en.wikipedia.org/wiki/Special:Search?search=buarque

 

 

 

 


 

10,000 Árboles

 

Documento importante, por Tony Anderson, pionero permacultor - en inglés, buscamos a personas dispuestas a traducir! (se ofrecen Permis)

 

 
 
 

 

Videos

 

El árbol más grande del mundo

 

Arboles impresionantes

 

 

 

En ingles

http://www.youtube.com/watch?v=9Ggwa5irxmg&feature=related

 

Urban Forest Gardens

 

 


 

El hombre que plantó árboles y creció felicidad

 

Jean Giono

 

Si uno quiere descubrir cualidades realmente excepcionales en el carácter de un ser humano, debe tener el tiempo o la oportunidad de observar su comportamiento durante varios años. Si este comportamiento no es egoísta, si está presidido por una generosidad sin límites, si es tan obvio que no hay afán de recompensa, y además ha dejado una huella visible en la tierra, entonces no cabe equivocación posible.

 

Hace cuarenta años hice un largo viaje a pie a través de montañas completamente desconocidas por los turistas, atravesando la antigua región donde los Alpes franceses penetran en la Provenza. Cuando empecé mi viaje por aquel lugar todo era estéril y sin color, y la única cosa que crecía era la planta conocida como lavanda silvestre.

 

Cuando me aproximaba al punto más elevado de mi viaje, y tras caminar durante tres días, me encontré en medio de una desolación absoluta y acampé cerca de los vestigios de un pueblo abandonado. Me había quedado sin agua el día anterior, y por lo tanto necesitaba encontrar algo de ella. Aquel grupo de casas, aunque arruinadas como un viejo nido de avispas, sugerían que una vez hubo allí un pozo o una fuente. La había, desde luego, pero estaba seca. Las cinco o seis casas sin tejados, comidas por el viento y la lluvia, la pequeña capilla con su campanario desmoronándose, estaban allí, aparentemente como en un pueblo con vida, pero ésta había desaparecido.

 

Era un día de junio precioso, brillante y soleado, pero sobre aquella tierra desguarnecida el viento soplaba, alto en el cielo, con una ferocidad insoportable. Gruñía sobre los cadáveres de las casas como un león interrumpido en su comida... Tenía que cambiar mi campamento.

 

Tras cinco horas de andar, todavía no había hallado agua y no existía señal alguna que me diera esperanzas de encontrarla. En todo el derredor reinaban la misma sequedad, las mismas hierbas toscas. Me pareció vislumbrar en la distancia una pequeña silueta negra vertical, que parecía el tronco de un árbol solitario. De todas formas me dirigí hacia él. Era un pastor. Treinta ovejas estaban sentadas cerca de él sobre la ardiente tierra.

 

Me dio un sorbo de su calabaza-cantimplora, y poco después me llevó a su cabaña en un pliegue del llano. Conseguía el agua -agua excelente- de un pozo natural y profundo encima del cual había construido un primitivo torno.

 

El hombre hablaba poco, como es costumbre de aquellos que viven solos, pero sentí que estaba seguro de sí mismo, y confiado en su seguridad. Para mí esto era sorprendente en ese país estéril. No vivía en una cabaña, sino en una casita hecha de piedra, evidenciadora del trabajo que él le había dedicado para rehacer la ruina que debió encontrar cuando llegó. El tejado era fuerte y sólido. Y el viento, al soplar sobre él, recordaba el sonido de las olas del mar rompiendo en la playa.

 

La casa estaba ordenada, los platos lavados, el suelo barrido, su rifle engrasado, su sopa hirviendo en el fuego. Noté que estaba bien afeitado, que todos sus botones estaban bien cosidos y que su ropa había sido remendada con el meticuloso esmero que oculta los remiendos. Compartimos la sopa, y después, cuando le ofrecí mi petaca de tabaco, me dijo que no fumaba. Su perro, tan silencioso como él, era amigable sin ser servil.

 

Desde el principio se daba por supuesto que yo pasaría la noche allí. El pueblo más cercano estaba a un día y medio de distancia. Además, ya conocía perfectamente el tipo de pueblo de aquella región... Había cuatro o cinco más de ellos bien esparcidos por las faldas de las montañas, entre agrupaciones de robles albares, al final de carreteras polvorientas. Estaban habitadas por carboneros, cuya convivencia no era muy buena. Las familias, que vivían juntas y apretujadas en un clima excesivamente severo, tanto en invierno como en verano, no encontraban solución al incesante conflicto de personalidades. La ambición territorial llegaba a unas proporciones desmesuradas, en el deseo continuo de escapar del ambiente. Los hombres vendían sus carretillas de carbón en el pueblo más importante de la zona y regresaban. Las personalidades más recias se limaban entre la rutina cotidiana. Las mujeres, por su parte, alimentaban sus rencores. Existía rivalidad en todo, desde el precio del carbón al banco de la iglesia. Y encima de todo estaba el viento, también incesante, que crispaba los nervios. Había epidemias de suicidio y casos frecuentes de locura, a menudo homicida.

 

Había transcurrido una parte de la velada cuando el pastor fue a buscar un saquito del que vertió una montañita de bellotas sobre la mesa. Empezó a mirarlas una por una, con gran concentración, separando las buenas de las malas. Yo fumaba en mi pipa. Me ofrecí para ayudarle. Pero me dijo que era su trabajo. Y de hecho, viendo el cuidado que le dedicaba, no insistí. Esa fue toda nuestra conversación. Cuando ya hubo separado una cantidad suficiente de bellotas buenas, las separó de diez en diez, mientras iba quitando las más pequeñas o las que tenían grietas, pues ahora las examinaba más detenidamente. Cuando hubo seleccionado cien bellotas perfectas, descansó y se fue a dormir.

 

Se sentía una gran paz estando con ese hombre, y al día siguiente le pregunté si podía quedarme allí otro día más. Él lo encontró natural, o para ser más preciso, me dio la impresión de que no había nada que pudiera alterarle. Yo no quería quedarme para descansar, sino porque me interesó ese hombre y quería conocerle mejor. Él abrió el redil y llevó su rebaño a pastar. Antes de partir, sumergió su saco de bellotas en un cubo de agua.

 

Me di cuenta de que en lugar de cayado, se llevó una varilla de hierro tan gruesa como mi pulgar y de metro y medio de largo. Andando relajadamente, seguí un camino paralelo al suyo sin que me viera. Su rebaño se quedó en un valle. Él lo dejó a cargo del perro, y vino hacia donde yo me encontraba. Tuve miedo de que me quisiera censurarme por mi indiscreción, pero no se trataba de eso en absoluto: iba en esa dirección y me invitó a ir con él si no tenía nada mejor que hacer. Subimos a la cresta de la montaña, a unos cien metros.

 

Allí empezó a clavar su varilla de hierro en la tierra, haciendo un agujero en el que introducía una bellota para cubrir después el agujero. Estaba plantando un roble. Le pregunté si esa tierra le pertenecía, pero me dijo que no. ¿Sabía de quién era?. No tampoco. Suponía que era propiedad de la comunidad, o tal vez pertenecía a gente desconocida. No le importaba en absoluto saber de quién era. Plantó las bellotas con el máximo esmero. Después de la comida del mediodía reemprendió su siembra. Deduzco que fui bastante insistente en mis preguntas, pues accedió a responderme. Había estado plantado cien árboles al día durante tres años en aquel desierto. Había plantado unos cien mil. De aquellos, sólo veinte mil habían brotado. De éstos esperaba perder la mitad por culpa de los roedores o por los designios imprevisibles de la Providencia. Al final quedarían diez mil robles para crecer donde antes no había crecido nada.

 

Entonces fue cuando empecé a calcular la edad que podría tener ese hombre. Era evidentemente mayor de cincuenta años. Cincuenta y cinco me dijo. Su nombre era Elzeard Bouffier. Había tenido en otro tiempo una granja en el llano, donde tenía organizada su vida. Perdió su único hijo, y luego a su mujer. Se había retirado en soledad, y su ilusión era vivir tranquilamente con sus ovejas y su perro. Opinaba que la tierra estaba muriendo por falta de árboles. Y añadió que como no tenía ninguna obligación importante, había decidido remediar esta situación.

 

Como en esa época, a pesar de mi juventud, yo llevaba una vida solitaria, sabía entender también a los espíritus solitarios. Pero precisamente mi juventud me empujaba a considerar el futuro en relación a mí mismo y a cierta búsqueda de la felicidad. Le dije que en treinta años sus robles serían magníficos. Él me respondió sencillamente que, si Dios le conservaba la vida, en treinta años plantaría tantos más, y que los diez mil de ahora no serían más que una gotita de agua en el mar.

 

Además, ahora estaba estudiando la reproducción de las hayas y tenía un semillero con hayucos creciendo cerca de su casita. Las plantitas, que protegía de las ovejas con una valla, eran preciosas. También estaba considerando plantar abedules en los valles donde había algo de humedad cerca de la superficie de la tierra.

 

Al día siguiente nos separamos.

 

Un año más tarde empezó la Primera Guerra Mundial, en la que yo estuve enrolado durante los siguientes cinco años. Un «soldado de infantería» apenas tenía tiempo de pensar en árboles, y a decir verdad, la cosa en sí hizo poca impresión en mí. La había considerado como una afición, algo parecido a una colección de sellos, y la olvidé.

 

Al terminar la guerra sólo tenía dos cosas: una pequeña indemnización por la desmovilización, y un gran deseo de respirar aire fresco durante un tiempo. Y me parece que únicamente con este motivo tomé de nuevo la carretera hacia la «tierra estéril».

 

El paisaje no había cambiado. Sin embargo, más allá del pueblo abandonado, vislumbré en la distancia un cierto tipo de niebla gris que cubría las cumbres de las montañas como una alfombra. El día anterior había empezado de pronto a recordar al pastor que plantaba árboles. «Diez mil robles -pensaba- ocupan realmente bastante espacio». Como había visto morir a tantos hombres durante aquellos cinco años, no esperaba hallar a Elzeard Bouffier con vida, especialmente porque a los veinte años uno considera a los hombres de más de cincuenta como personas viejas preparándose para morir... Pero no estaba muerto, sino más bien todo lo contrario: se le veía extremadamente ágil y despejado: había cambiado sus ocupaciones y ahora tenía solamente cuatro ovejas, pero en cambio cien colmenas. Se deshizo de las ovejas porque amenazaban los árboles jóvenes. Me dijo -y vi por mí mismo- que la guerra no le había molestado en absoluto. Había continuado plantando árboles imperturbablemente. Los robles de 1.910 tenían entonces diez años y eran más altos que cualquiera de nosotros dos. Ofrecían un espectáculo impresionante. Me quedé con la boca abierta, y como él tampoco hablaba, pasamos el día en entero silencio por su bosque. Las tres secciones medían once kilómetros de largo y tres de ancho. Al recordar que todo esto había brotado de las manos y del alma de un hombre solo, sin recursos técnicos, uno se daba cuenta de que los humanos pueden ser también efectivos en términos opuestos a los de la destrucción...

 

Había perseverado en su plan, y hayas más altas que mis hombros, extendidas hasta el límite de la vista, lo confirmaban. me enseñó bellos parajes con abedules sembrados hacía cinco años (es decir, en 1.915), cuando yo estaba luchando en Verdún. Los había plantado en todos los valles en los que había intuido -acertadamente- que existía humedad casi en la superficie de la tierra. Eran delicados como chicas jóvenes, y estaban además muy bien establecidos.

 

Parecía también que la naturaleza había efectuado por su cuenta una serie de cambios y reacciones, aunque él no las buscaba, pues tan sólo proseguía con determinación y simplicidad en su trabajo. Cuando volvimos al pueblo, vi agua corriendo en los riachuelos que habían permanecido secos en la memoria de todos los hombres de aquella zona. Este fue el resultado más impresionante de toda la serie de reacciones: los arroyos secos hacía mucho tiempo corrían ahora con un caudal de agua fresca. Algunos de los pueblos lúgubres que menciono anteriormente se edificaron en sitios donde los romanos habían construido sus poblados, cuyos trazos aún permanecían. Y arqueólogos que habían explorado la zona habían encontrado anzuelos donde en el siglo XX se necesitaban cisternas para asegurar un mínimo abastecimiento de agua.

 

El viento también ayudó a esparcir semillas. Y al mismo tiempo que apareció el agua, también lo hicieron sauces, juncos, prados, jardines, flores y una cierta razón de existir. Pero la transformación se había desarrollado tan gradualmente que pudo ser asumida sin causar asombro. Cazadores adentrándose en la espesura en busca de liebres o jabalíes, notaron evidentemente el crecimiento repentino de pequeños árboles, pero lo atribuían a un capricho de la naturaleza. Por eso nadie se entrometió con el trabajo de Elzeard Bouffier. Si él hubiera sido detectado, habría tenido oposición. Pero era indetectable. Ningún habitante de los pueblos, ni nadie de la administración de la provincia, habría imaginado una generosidad tan magnífica y perseverante.

 

Para tener una idea más precisa de este excepcional carácter no hay que olvidar que Elzeard trabajó en una soledad total, tan total que hacía el final de su vida perdió el hábito de hablar, quizá porque no vio la necesidad de éste.

 

En 1.933 recibió la visita de un guardabosques que le notificó una orden prohibiendo encender fuego, por miedo a poner en peligro el crecimiento de este bosque natural. Esta era la primera vez -le dijo el hombre- que había visto crecer un bosque espontáneamente. En ese momento, Bouffier pensaba plantar hayas en un lugar a 12 Km. de su casa, y para evitar las ideas y venidas (pues contaba entonces 75 años de edad), planeó construir una cabaña de piedra en la plantación. Y así lo hizo al año siguiente.

 

En 1.935 una delegación del gobierno se desplazó para examinar el «bosque natural». La componían un alto cargo del Servicio de Bosques, un diputado y varios técnicos. Se estableció un largo diálogo completamente inútil, decidiéndose finalmente que algo se debía hacer... y afortunadamente no se hizo nada, salvo una única cosa que resultó útil: todo el bosque se puso bajo la protección estatal, y la obtención del carbón a partir de los árboles quedó prohibida. De hecho era imposible no dejarse cautivar por la belleza de aquellos jóvenes árboles llenos de energía, que a buen seguro hechizaron al diputado.

 

Un amigo mío se encontraba entre los guardabosques de esa delegación y le expliqué el misterio. Un día de la semana siguiente fuimos a ver a Elzeard Bouffier. Lo encontramos trabajando duro, a unos diez kilómetros de donde había tenido lugar la inspección.

 

El guardabosques sabía valorar las cosas, pues sabía cómo mantenerse en silencio. Yo le entregué a Elzeard los huevos que traía de regalo. Compartimos la comida entre los tres y después pasamos varias horas en contemplación silenciosa del paisaje...

 

En la misma dirección en la que habíamos venido, las laderas estaban cubiertas de árboles de seis a siete metros de altura. Al verlos recordaba aún el aspecto de la tierra en 1.913, un desierto... y ahora, una labor regular y tranquila, el aire de la montaña fresco y vigoroso, equilibrio y, sobre todo, la serenidad de espíritu, habían otorgado a este hombre anciano una salud maravillosa. Me pregunté cuántas hectáreas más de tierra iba a cubrir con árboles.

 

Antes de marcharse, mi amigo hizo una sugerencia breve sobre ciertas especies de árboles para los que el suelo de la zona estaba especialmente preparado. No fue muy insistente; «por la buena razón -me dijo más tarde- de que Bouffier sabe de ello más que yo». Pero, tras andar un rato y darle vueltas en su mente, añadió: «¡y sabe mucho más que cualquier persona, pues ha descubierto una forma maravillosa de ser feliz!».

 

Fue gracias a ese hombre que no sólo la zona, sino también la felicidad de Bouffier fue protegida. Delegó tres guardabosques para el trabajo de proteger la foresta, y les conminó a resistir y rehusar las botellas de vino, el soborno de los carboneros.

 

El único peligro serio ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. Como los coches funcionaban con gasógeno, mediante generadores que quemaban madera, nunca había leña suficiente. La tala de robles empezó en 1.940, pero la zona estaba tan lejos de cualquier estación de tren que no hubo peligro. El pastor no se enteraba de nada. Estaba a treinta kilómetros, plantando tranquilamente, ajeno a la guerra de 1.939 como había ignorado la de 1.914.

 

Vi a Elzeard Bouffier por última vez en junio de 1.945. Tenía entonces ochenta y siete años. Volví a recorrer el camino de la «tierra estéril»; pero ahora en lugar del desorden que la guerra había causado en el país, un autobús regular unía el valle del Durance y la montaña. No reconocí la zona, y lo atribuí a la relativa rapidez del autobús... Hasta que vi el nombre del pueblo no me convencí de que me hallaba realmente en aquella región, donde antes sólo había ruinas y soledad.

 

El autobús me dejó en Vergons. En 1.913 este pueblecito de diez o doce casas tenía tres habitantes, criaturas algo atrasadas que casi se odiaban una a otra, subsistiendo de atrapar animales con trampas, próximas a las condiciones del hombre primitivo. Todos los alrededores estaban llenos de ortigas que serpenteaban por los restos de las casas abandonadas. Su condición era desesperanzadora, y una situación así raramente predispone a la virtud.

 

Todo había cambiado, incluso el aire. En vez de los vientos secos y ásperos que solían soplar, ahora corría una brisa suave y perfumada. Un sonido como de agua venía de la montaña. Era el viento en el bosque; pero más asombro era escuchar el auténtico sonido del agua moviéndose en los arroyos y remansos. Vi que se había construido una fuente que manaba con alegre murmullo, y lo que me sorprendió más fue que alguien había plantado un tilo a su lado, un tilo que debería tener cuatro años, ya en plena floración, como símbolo irrebatible de renacimiento.

 

Además, Vergons era el resultado de ese tipo de trabajo que necesita esperanza, la esperanza que había vuelto. Las ruinas y las murallas ya no estaban, y cinco casas habían sido restauradas. Ahora había veinticinco habitantes. Cuatro de ellos eran jóvenes parejas. Las nuevas casas, recién encaladas, estaban rodeadas por jardines donde crecían vegetales y flores en una ordenada confusión. Repollos y rosas, puerros y margaritas, apios y anémonas hacían al pueblo ideal para vivir.

 

Desde ese sitio seguí a pie. La guerra, al terminar, no había permitido el florecimiento completo de la vida, pero el espíritu de Elzeard permanecía allí. En las laderas bajas vi pequeños campos de cebada y de arroz; y en el fondo del valle verdeaban los prados.

 

Sólo fueron necesarios ocho años desde entonces para que todo el paisaje brillara con salud y prosperidad. Donde antes había ruinas, ahora se encontraban granjas; los viejos riachuelos, alimentados por las lluvias y las nieves que el bosque atrae, fluían de nuevo. Sus aguas alimentaban fuentes y desembocan sobre alfombras de menta fresca. Poco a poco, los pueblecitos se habían revitalizado. Gentes de otros lugares donde la tierra era más cara se habían instalado allí, aportando su juventud y su movilidad. Por las calles uno se topaba con hombres y mujeres vivos, chicos y chicas que empezaban a reír y que habían recuperado el gusto por las excursiones. Si contábamos la población anterior, irreconocible ahora que gozaba de cierta comodidad, más de diez mil personas debían en parte su felicidad a Elzeard Bouffier.

 

Por eso, cuando reflexiono sobre aquel hombre armado únicamente por sus fuerzas físicas y morales, capaz de hacer surgir del desierto esa tierra de Canán, me convenzo de que a pesar de todo la humanidad es admirable. Cuando reconstruyo la arrebatadora grandeza de espíritu y la tenacidad y benevolencia necesaria para dar lugar a aquel fruto, me invade un respeto sin límites por aquel hombre anciano y supuestamente analfabeto, un ser que completó una tarea digna de Dios.

 

(Elzeard Bouffier murió pacíficamente en 1.947 en el hospicio de Banon).

 

Recogido de la página web: http://www.free-news.org/jgiono01.htm

 

Artículo publicado en la revista Integral, recogido por Revista Yoga. Número 9. Noviembre-diciembre del 1991.  Traducción: Sharada y Ramón Roselló.

 

www.ahigal.com/biblioteca.htm

 

 


 

En Inglés

 

The Overstory Agroforestry Ejournal

http://agroforestry.net/overstory/osprev.html

 

Rooftop forest garden

http://www.risc.org.uk/garden/index.html

 

Food Forest

http://nz.youtube.com/watch?v=-5ZgzwoQ-ao&feature=related

 

Food in Fridges

http://nz.youtube.com/watch?v=62ge_AqaVtM&feature=related

 

Tree planting methods

Videos

 

from EcoTop

http://www.ecotop-consult.de/english/index.htm

 

Vital processes are very dynamic and they are subject to a permanent flow of energy, water and nutrients. In nature these processes happen all the time allowing for the development of dynamic and stable life systems. Due to their particular climate, topography and soil, humid tropical forests are home to diverse forms of flora and fauna that respond perfectly to the particularities of these regions. The regeneration, recovery and renovation of these systems, takes place through succession processes. Within these processes, each species occupies, for a certain period of time, a given space in which it contributes with its particular capacity to improve and to optimise its conditions as well as those of the members of its consortium to grow prosper and to reproduce. As time passes each species - by performing its functions- creates the necessary conditions for the development of another (more demanding) species ensuring that the energy, water and nutrient dynamics are maintained. As a result nature creates more and more complex systems which results in more diverse forms.

 

Initially, Ambaybo (Cecropia spp.) and Balsa wood (Ochroma pyramidale) are the main species predominant in slashed and burned (deforested) areas in alluvial sites in the Alto Beni region. As years go by, other species occupy their place until, without the intervention of man a new primary forest is re-established. By forcing nature to remain static for long periods of time (such is the case of single-crop farming), nature responds with the so-called "diseases", "pests" and "weeds". All these, however, are but mere indicators that show us that our agricultural practices are not adequate. These "diseases", "pests" and "weeds" appear when we insist on planting a single crop in the same plot over and over again, and we worsen this situation by using toxic chemicals to counterattack their effect. Instead of taking advantage of natural dynamics that result in complex systems that generate more life and fertile soils, because we do not understand them, we fight them using insecticides, herbicides, and fungicides.

 

By understanding and taking advantage of the principles underlying natural succession we achieve an abundant agricultural and forest production without using chemicals or struggling against "diseases" and "pests".

 

The principles underlying the natural succession of species were formulated and presented by Mr. Ernst Götsch during his visits to Bolivia. They have been published as the "Guía para el Establecimiento de Sistemas Agroforestales" .*

 

* Milz, Joachim: Guía para el Establecimiento de Sistemas Agroforestals. DED-COSUDE, La Paz-Bolivia 1998

 

Given this is a new approach to agro-forestry it is advisable that interventions in the plots be monitored for a certain period of time. Likewise, the whole process should be accompanied by training courses for technicians/extensionists and small farmers.

 

Ecotop recommends the following methodology:

 

  • Participants are introduced to the topic.
  • Identification of the parcels that will be organised (no larger than 2000m²)
  • Planning the design of the parcel with small farmers and technicians.
  • Small farmers and technicians organize seeds and plants to establish a plot.
  • The instructor, the technicians and the small farmers establish a parcel together (during a season that guarantees adequate humidity for the germination and growth of the plants).

 

Organisation of a new parcel with corn, beans, hibiscus, cajanus, manioc, banana, pineapple, oranges, coffee, papaya, and all tree consortiums corresponding to the area (secondary, transition, primary) in a slash and burned parcel with little organic matter present in the soil.

 

 

 

The same parcel after 13 months. The species that were introduced along with the natural regeneration have created a dynamic system that covers the ground completely with vegetation and organic matter. The initial attack by the leaf cutting ants has diminished considerably.

...

  •  
  • Preparation of a crop plan (map) of the parcel.
  • Preparation of a report and an instruction guide to follow - up on the progress of the parcel - follow - up work plan.
  • After 2 - 4 months, the instructor carries out an intervention with the technicians and small farmers (selective weeding, replanting) and the first crops are harvested (corn, beans and hibiscus). The progress of the parcel is documented in written and through photographs and a follow - up work plan is prepared.

 

Already the first year the farmer is able to harvest self-consumption crops (corn, beans, manioc, cajanus cajan) as well as others for marketing (hibiscus, papaya, bananas, pineapples).

 

Twice a year the small farmers, the technicians and the instructor selectively weed the parcel. This practice is reinforced with the realisation of more in depth courses.

 

Note: Parcel dynamics demand a different intervention every time. At first, the intervention is aimed at removing some grasses, cyperaceous or pyperaceous, depending on the area. Afterwards, interventions are concentrate on pruning of trees, stratification and management of bananas and others, as well as trying to uniformly cover the ground with organic matter produced in the same parcel.

 

Cocoa

The procedure above described is the same as the one used to establish an agro-forest system whose main crop is cocoa. Corn is planted along with beans as if it were a single crop. Depending on the conditions prevalent, the farmer plants manioc, cajanus cajan, hibiscus, papaya, banana (preferably different varieties), different types of palm trees, avocado, zapote (marmalade) - tree, mango, carambola - tree and other fruits, ingas (every two meters or more), cobalt bloom (Erythrina ssp.) and other secondary species available along with long life cycle trees like the Ceiba , rubber (Hevea brasiliensis), brazil nut (Bertholletia excelsa), garlilc tree (Gallesia integrifolia) etc., depending on the species found in the ecosystem and the availability of materials.

 

Everything is planted at the same time and at very high densities. As the system progresses the pioneers are eliminated (corn, beans, hibiscus, cajanus cajan). Afterwards it's the papaya and the secondary species with short life cycles that are eliminated. This way the system opens-up gradually and the soil is constantly improved with the organic matter incorporated.

Young parcel with a cocoa system

The cocoa grows vigorously along with the other species. The manual work required for maintaining the parcel gradually decreases while the income from the diversified production increases constantly.

 

Oranges

Quiet commonly oranges are cultivated as single crops. In the best of cases, they are allowed some green cover. However, our experience has demonstrated that oranges produce more and with less problems in agro-forest systems that have been adapted to the requirements of this crop.

 

 

 

Orange parcel (late Valencia) with a green cover of Glycine wighiti. This parcel had serious problems with a bark beetle that caused the death of several trees.

 

 

 

The same plot 3 years after converting it into an agro-forest system and before the pruning and stratification of the system.

 

The same parcel (after the pruning and stratification works).

 

The soil is uniformly covered by organic matter. To stimulate flowering, the trees are pruned 2 months before flowering, leaving the plant just like that, almost fully exposed to the sun. The trees planted to occupy the high stratum are selected from those species that loose their leaves in the dry season (e.i. Ceiba, cedrillo (Spondias mombin), Ochóo (Hura crepitan)s, Tarara (Centrolobium ochroxylum).

 

Even during prolonged periods of drought, the fruits remain juicy and healthy. There have been more attacks by the bark beetle. After 2 - 3 years sufficient organic matter has been produced to maintain a high flow of carbon and to maintain the ground permanently covered with material originating from the pruning and the falling foliage.

 

Income from the banana is sufficient to cover the total maintenance costs of the plantation. During the first years pineapples can be included in the system. Two crops that adapt perfectly to the lower stratums are coffee as well as cocoa.

 

 


 

Nature loss 'dwarfs bank crisis'

 

By Richard Black
Environment correspondent, BBC News website, Barcelona
Rainforest in Kakum National Park, Ghana
Losses are great, and continuous, says the report

 

 

The global economy is losing more money from the disappearance of forests than through the current banking crisis, according to an EU-commissioned study.

 

It puts the annual cost of forest loss at between $2 trillion and $5 trillion.

The figure comes from adding the value of the various services that forests perform, such as providing clean water and absorbing carbon dioxide.

 

The study, headed by a Deutsche Bank economist, parallels the Stern Review into the economics of climate change.

It has been discussed during many sessions here at the World Conservation Congress.

 

Some conservationists see it as a new way of persuading policymakers to fund nature protection rather than allowing the decline in ecosystems and species, highlighted in the release on Monday of the Red List of Threatened Species, to continue.

 

 

Capital losses

 

Speaking to BBC News on the fringes of the congress, study leader Pavan Sukhdev emphasised that the cost of natural decline dwarfs losses on the financial markets.

"It's not only greater but it's also continuous, it's been happening every year, year after year," he told BBC News.

 

 

Teeb will... show the risks we run by not valuing [nature] adequately."
Andrew Mitchell
Global Canopy Programme

"So whereas Wall Street by various calculations has to date lost, within the financial sector, $1-$1.5 trillion, the reality is that at today's rate we are losing natural capital at least between $2-$5 trillion every year."

The review that Mr Sukhdev leads, The Economics of Ecosystems and Biodiversity (Teeb), was initiated by Germany under its recent EU presidency, with the European Commission providing funding.

 

The first phase concluded in May when the team released its finding that forest decline could be costing about 7% of global GDP. The second phase will expand the scope to other natural systems.

 

 

Stern message

 

Key to understanding his conclusions is that as forests decline, nature stops providing services which it used to provide essentially for free.

So the human economy either has to provide them instead, perhaps through building reservoirs, building facilities to sequester carbon dioxide, or farming foods that were once naturally available.

 

Or we have to do without them; either way, there is a financial cost.

The Teeb calculations show that the cost falls disproportionately on the poor, because a greater part of their livelihood depends directly on the forest, especially in tropical regions.

 

The greatest cost to western nations would initially come through losing a natural absorber of the most important greenhouse gas.

Just as the Stern Review brought the economics of climate change into the political arena and helped politicians see the consequences of their policy choices, many in the conservation community believe the Teeb review will lay open the economic consequences of halting or not halting the slide in biodiversity.

"The numbers in the Stern Review enabled politicians to wake up to reality," said Andrew Mitchell, director of the Global Canopy Programme, an organisation concerned with directing financial resources into forest preservation.

 

"Teeb will do the same for the value of nature, and show the risks we run by not valuing it adequately."

A number of nations, businesses and global organisations are beginning to direct funds into forest conservation, and there are signs of a trade in natural ecosystems developing, analogous to the carbon trade, although it is clearly very early days.

 

Some have ethical concerns over the valuing of nature purely in terms of the services it provides humanity; but the counter-argument is that decades of trying to halt biodiversity decline by arguing for the intrinsic worth of nature have not worked, so something different must be tried.

Whether Mr Sukhdev's arguments will find political traction in an era of financial constraint is an open question, even though many of the governments that would presumably be called on to fund forest protection are the ones directly or indirectly paying for the review.

But, he said, governments and businesses are getting the point.

 

"Times have changed. Almost three years ago, even two years ago, their eyes would glaze over.

"Today, when I say this, they listen. In fact I get questions asked - so how do you calculate this, how can we monetize it, what can we do about it, why don't you speak with so and so politician or such and such business."

The aim is to complete the Teeb review by the middle of 2010, the date by which governments are committed under the Convention of Biological Diversity to have begun slowing the rate of biodiversity loss.

 

Richard.Black-INTERNET@bbc.co.uk

 


 

Módulo 3 Cuidar la Tierra

 

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